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CORPORATIVO o EMPRENDEDOR? Quizás los dos!!

Federico GagliardoVarios de mis amigos, especialmente después de los 35-40 años, se hacen esta pregunta a diario. ¿Para qué lado voy?

En los últimos años me ha tocado conversar de este tema con gente que tiene capacidades y virtudes increíbles para desarrollar negocios. Algunos de ellos hoy trabajan conmigo en Vitrium Capital, y otros ocupan posiciones en grandes corporaciones e incluso en compañías pequeñas (en ambos casos podrían ser nacionales o extranjeras).

En algún momento de mi carrera me empiezo a preguntar si estoy preparado para ser emprendedor, para iniciar mi propio negocio, comercio o comenzar a desarrollar mi empresa. ¿Porqué surge esta pregunta? Generalmente porque tengo inquietudes, ideas, ganas de hacer cosas nuevas o recorrer un camino inexplorado que me llama mucho la atención.

Y para mi esta decisión tiene muchos grises, y la elección es por una de varias alternativas posibles.

Ser emprendedor no siempre significa quemar las naves, salir del lugar donde estás y empezar de nuevo. Esto depende mucho de la cultura de la compañía donde hoy trabajas.

La palabra «Emprendedor» deriva del francés «entrepreneur» que aparece a principios del siglo XVI, y se utilizó inicialmente para referirse a quienes viajaban al Nuevo Mundo en búsqueda de oportunidades de vida sin saber que esperar, o también a los hombres relacionados con las expediciones militares. A principios del siglo XVIII se extendió su significado a otros aventureros como constructores de puentes, caminos y arquitectos. En sentido económico fue definida por primera vez por el escritor francés, Richard Cantillón en 1755 como «la persona que paga un cierto precio para revender un producto a un precio incierto, por ende tomando decisiones acerca de obtención y uso de recursos, admitiendo consecuentemente el riesgo en el emprendimiento». Así se fue utilizando el término para identificar a quien comenzaba una empresa y se asoció particularmente a empresarios innovadores.

Y que es una «Empresa«? Viene del latín «prehendere», emprender una actividad que implica trabajo o que representa dificultades.

Interesante, porque si volvemos a leer el párrafo anterior, todo lo que allí dice no menciona el contexto. Comenzar una empresa no es abrir una compañía. Es iniciar algo nuevo, un proyecto, en el más amplio sentido de la palabra. Con todas las decisiones que ello implica. Imaginarlo, diseñarlo, presupuestarlo, planificarlo, ejecutarlo, y fundamentalmente, asumir el riesgo de la decisión.

Hace más de 20 años ingresé a trabajar en Microsoft con apenas 25 años. La compañía tenía poco más de 10,000 empleados (hoy tiene casi 120,000). Trabajábamos mucho, con un compromiso increíble por los resultados, superarnos día a día, y nada nos detenía en el camino para llegar a los objetivos que nos habíamos propuesto para cada año. En aquel momento la empresa era un vergel para emprender. Si, teníamos productos para vender que desarrollaba la corporación en Seattle, WA. Pero como nosotros llegábamos al mercado con esos productos era, en el 90% de los casos, resultado de nuestra imaginación, nuestros planes y nuestra iniciativa. En cada subsidiaria que Microsoft tenía en el mundo, los equipos de ventas, marketing y producto (que eran muy pequeños), diseñaban sus propias estrategias para salir al mercado. Ellos pensaban en la forma, los medios, las iniciativas, diseñaban los materiales, las brochures, las presentaciones… todo. Casi lo único que venia «prefabricado» eran los logos del producto, algunas imágenes, y eventualmente alguna demo. En aquellos tiempos vendíamos Windows 3.1, Windows for Workgroups, y Office 4. No había internet. Apenas había email. Recorriamos la ciudad y el país visitando clientes, dando presentaciones, dejándoles muestras y pruebas de cada producto, y desarrollábamos el canal de distribución, dándoles herramientas (materiales de punto de venta, folletos, etc) y ayudándolos a vender con mucho entrenamiento.

Pero la maravilla era la libertad que teníamos para hacer y crear. Y con muy pocas reglas, la compañía era una gran sociedad de emprendedores que recorrían el mundo vendiendo a Microsoft y sus productos. Teníamos pasión por lo que hacíamos, porque el resultado era nuestra creación.

Con el tiempo las cosas cambiaron. La compañía creció mucho en cantidad de empleados y productos, tuvo que diseñar procesos, estructurarse, formalizar sus operaciones, sus mensajes, y tuvo que madurar porque de pronto ocupaba un lugar mucho más importante en el mundo del que era consciente. Esto cambió fundamentalmente luego del juicio por supuestas prácticas monopólicas en el año 2000.

Entonces, emprender no significa salir solo al mundo a hacer cosas por tu cuenta. Puede significar salir al mundo a crear cosas con mucha gente alrededor tuyo. Una idea puede nacer en la compañía en la que hoy trabajas. Y si la compañía la adopta y te apoya para que la implementes, allí tienes tu emprendimiento, incluso con las mismas aspiraciones y responsabilidades que ello implicaría si estuvieras solo. Ahora, puede que tu idea no sea compatible con la estrategia de la compañía, o con las prioridades de este año, o del próximo. Pero quizás allí tengas un socio para tu emprendimiento, con todo lo que ello conlleva. Podría ser una nueva división, una nueva empresa (un spin off), o un proyecto para el año que viene.

¿Cuál es la conclusión? Que no tienes que decidir por blanco o negro. Tómate tu tiempo para pensar, para diseñar tu producto o tu idea. Convérsala con tus amigos, tus socios, tus jefes. Y seguramente, si el proyecto es sólido, esta bien pensado, estructurado y bajado a tierra, vas a tener espacio para hacer tu sueño realidad. Dentro o fuera de donde hoy estas trabajando. Hay muchos grises en el camino y tu sueño puede transformarse en real siguiendo varios de ellos.

Hasta la próxima!

FG

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