Para dar respuesta al crecimiento de las ciudades en los próximos años, debemos pensar en viviendas sustentables y flexibles, entre otras cosas
Al momento de pensar en las ciudades del futuro y cuál será el rol que jugaremos en su desarrollo, hay que tener en cuenta algunos datos significativos. Más de la mitad de la población vive hoy en ciudades en todo el mundo, y proyecciones de distintas entidades prevén que en 2050 el 70% de los habitantes de este planeta residirá en grandes ciudades. Al mismo tiempo, los centros urbanos con más de 10 millones de habitantes crecerán de las 33 actuales a más de 50, lo cual configura un desafío en términos de infraestructura, administración de recursos y sustentabilidad, diseño de la movilidad y provisión de servicios básicos.
Con este panorama por delante, ¿cuáles serán los lineamientos que seguirán las construcciones? Hay un mandamiento que cruza hoy a todos los sectores económicos y determina los pasos a seguir: la búsqueda de la sustentabilidad y la reducción del impacto ambiental. Al mismo tiempo, la revolución de la industria 4.0 permite pensar en el concepto de ciudades inteligentes, donde la infraestructura digital y las posibilidades de conexión de las nuevas redes vincularán a todos los dispositivos entre sí, desde los semáforos y los edificios a las luminarias, las cámaras en las calles y muy pronto los automóviles. Ese caudal de información a través de la Internet de las cosas -con el correspondiente análisis de los millones de datos que genera cada elemento- abre la posibilidad de erigir ciudades predictivas y más eficientes en la gestión de sus recursos energéticos, los flujos de tránsito, el manejo de los residuos y la calidad del aire, por ejemplo.
A la hora de las construcciones, hay varios estudios que anticipan las pautas que deberá seguir el sector de real estate. Un trabajo del World Economic Forum (WEF) elaborado a partir del aporte de más de 30 expertos de la industria concluyó que, para reducir el impacto ambiental, adaptarse a las nuevas demandas y dar respuesta a las necesidades habitacionales en el marco del crecimiento proyectado de las ciudades, la industria debe pensar en varios pilares. La habitabilidad es el primero de ellos: las viviendas deben ser inclusivas y diseñadas para todas las edades, ya que las personas pasan el 90% de su tiempo dentro de ellas. En ese contexto, se prevé que ganen espacio los proyectos de usos mixtos, con soluciones residenciales, de oficinas y comercios en un entorno de cercanía y con un especial cuidado por los espacios verdes comunes.
El segundo pilar al que hizo referencia el informe del WEF es la sostenibilidad: los edificios representan el 38% de las emisiones de carbono, el 50% del consumo mundial de energía y el 40% del uso de materias primas. Se espera, en ese sentido, que las nuevas construcciones aceleren hacia el uso de técnicas más amigables con el medioambiente y adopten fuentes energéticas renovables, al tiempo que los edificios antiguos deberán readaptar su infraestructura o ser reciclados para nuevos usos.
Se espera también que las ciudades del futuro contemplen bienes inmuebles resilientes, que sean capaces de adaptarse a eventos climáticos imprevistos y preservar la identidad cultural de las comunidades, apuntó el WEF. Esa resiliencia incluye, además, la flexibilidad para adecuarse a las necesidades cambiantes que pueden tener los propietarios.
Y, por supuesto, las viviendas del futuro deben ser accesibles, tanto desde el ángulo financiero -con barreras bajas para la compra, el crédito y el valor de los alquileres- como desde el punto de vista de los espacios públicos y los servicios disponibles a su alrededor.
Otro punto ligado con la búsqueda de la sustentabilidad es la consideración del impacto ambiental que un edificio o una propiedad no solo genera durante su uso sino durante el proceso de construcción. Es por eso que cobrará cada vez más importancia el empleo de materiales cercanos a la zona del emplazamiento del inmueble -para incluir en la ecuación el impacto ambiental que origina el traslado- y la utilización de nuevas alternativas tecnológicas, desde ladrillos bioplásticos a fibras vegetales y otros elementos sostenibles.
Las proyecciones de las ciudades para los próximos años comprenden también, junto con el factor preponderante de la tecnología al servicio del manejo de los recursos y la búsqueda de la autosuficiencia energética, un enfoque diferente de la movilidad. Nuevamente con la necesidad de reducir el nivel de emisiones contaminantes como principio rector, se prevé que ganarán terreno las bicicletas, los monopatines eléctricos y la micromovilidad sustentable en detrimento de los automóviles y se apuntará a que los habitantes puedan resolver sus necesidades laborales, educativas y recreativas en un radio cercano, movilizándose a pie o en un medio que no genere impacto (las denominadas “ciudades de 15 minutos”).
Hay ya existen casos concretos que buscan poner en práctica todas las innovaciones mencionadas. La ciudad de Masdar, en Emiratos Unidos, será para 2025 la primera urbe cero emisiones e incluirá en su infraestructura muchos de los rasgos que anticipan el futuro.
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