La clase media después del Covid: el desafío de volver a crecer

La pandemia afectó el proceso de ampliación de la clase media en toda la región. En qué situación está hoy y cuáles son las perspectivas.

La pandemia del Covid-19 sacudió la estructura del mundo y dejó profundas consecuencias económicas y sociales, además de sanitarias, claro. Y una de esas secuelas es el impacto en el nivel de vida y en la clase media en América Latina. Según un informe del Banco Mundial, los efectos de los confinamientos durante 2020 empujaron a 4,7 millones de personas de la clase media a la pobreza en la región. Y si no se consideran los efectos de las transferencias sociales temporales que aplicó Brasil, ese número trepa a 12 millones de personas.

En el informe titulado “El lento ascenso y súbita caída de la clase media en América Latina y el Caribe”, el Banco Mundial revela que en el 2020 la cantidad de pobres se elevó al 21,8% de la población y esto gracias a la ayuda que significaron los aportes transitorios que destinaron gobiernos, como el mencionado de Brasil. De no ser asi el panorama hubiese sido aún peor. En cualquier caso, la caída de la clase media representó un retroceso en el proceso de mejoría que venía experimentando la región en las últimas décadas.

Producto de varias reformas económicas de los 90 y del auge en el precio de las commodities de la primera década de los 2000 que posibilitó un largo período de crecimiento, América Latina había logrado reducir sus índices de pobreza. El número de personas en esa condición cayó a la mitad desde el comienzo del siglo XXI, de acuerdo con los datos del organismo. Hasta 2018, las personas consideradas de clase media (con un ingreso diario de entre US$13 y US$70, según la escala de la entidad) superaban en porcentaje a los vulnerables (con ingresos de entre US$5,50 y US$13 al día) y a los pobres (menos de US$5,50 diarios). Pero el estallido del Covid-19 interrumpió ese ciclo. En 2020, la clase media retrocedió al 37,3% de la población, la clase vulnerable subió al 38,5% y los pobres representaron el citado 21,8%.

Otra consecuencia negativa de ese freno a la mejora en la calidad de vida de la población latinoamericana fue un aumento de la desigualdad, una condición estructural con la que la región batalla históricamente. Más de la mitad de los trabajadores de la región (54,4%, indica el dato del Banco Mundial) obtiene sus ingresos en el sector informal y, de ellos, nueve de cada 10 son pobres. Además, casi un tercio de los empleados pertenecen al sector autónomo.

Este debilitamiento en las condiciones económicas impacta directamente en las posibilidades de consumo de todas las franjas e incrementa la fragilidad de los sectores medios, que debieron restringir sus gastos por la pérdida de ingresos que produjo la pandemia. Pero el deterioro, en rigor, venía ya de unos años antes. En el caso puntual de la Argentina, el proceso de inflación y el estancamiento económico expulsó a 1,2 millones de personas de la clase media en los últimos cinco años, según cálculos del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa). La caída del ingreso real producto del aumento inflacionario por encima de las recomposiciones salariales es la principal causa de esa degradación, de acuerdo con Idesa. La clase media argentina, según cálculos de la mencionada consultora, disminuyó al 41% de la población en la actualidad.

En el caso de Uruguay, su clase media es la más amplia de toda la región, con más del 60% del total. Y las políticas de protección social le permitieron al país amortiguar en mejores condiciones el impacto del Covid. No obstante, el crecimiento de su PBI -requisito básico para la movilidad social- también venía decayendo en la segunda parte de la última década, como le sucedió al resto de la región. Los datos del Banco Mundial indican que la economía uruguaya pasó de un crecimiento del 4,6% en 2013 al 0,4% en 2019, con el consiguiente estancamiento en el proceso de reducción de la pobreza (que bajó del 32,5% en 2006 al 8,8% en 2019. Un año después, a raíz de la pandemia, subió al 11,6%, por la caída del 5,9% que sufrió su economía.

En 2021, los países de la región recuperaron la senda del crecimiento al liberarse las restricciones a la actividad, pero el desafío de recrear un ciclo virtuoso de ampliación de los sectores medios -como ocurrió en la primera parte de este siglo- sigue pendiente. Esa necesidad de estabilidad macroeconómica y previsión conecta de manera directa con las oportunidades que surgen en el segmento de la vivienda, donde el déficit habitacional permanece intacto. Y, en ese aspecto, el rol del crédito hipotecario es fundamental. Veremos en los próximos meses como el incremento de las tasas de interés afecta este proceso de recuperación.

Deja un comentario

Discover more from

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading