Cómo el urbanismo inteligente convirtió a Copenhague en la ciudad más verde y ejemplo paradigmático de una Smart City

Considerada la ciudad más inteligente de Europa, debido a su innovación en infraestructura y tecnología, y destacada como una de las mejores urbes del mundo por su calidad de vida, Copenhague, la capital de Dinamarca, se alza como un estandarte de la economía verde. Con algo más de 1 millón de habitantes y 454 kilómetros de bicisendas, esta ciudad que desde hace años fomenta los espacios públicos busca convertirse en la primera capital neutral en carbono de cara a 2025.
La estrategia está basada en cuatro ejes: la transición hacia energías renovables, la gestión de los residuos, la adaptación de las viviendas y el armado de un sistema de transporte sustentable y eficiente, integrando su estrategia de desarrollo alrededor del bienestar de la gente. “La gente primero” parece ser el leitmotiv.
Este presente es el resultado de prácticas que se remontan a la década del 60. Fue el arquitecto y urbanista danés Jan Gehl quien, luego de un viaje a Italia, comenzó a mirar el espacio público con otros ojos y a reivindicar la importancia del traslado a pie y en bicicleta, un medio que, al menos hasta hace un tiempo, seguía utilizando a sus 80 años. Gehl, que rescató las necesidades humanas de inclusión e interacción y se propuso impulsar un paradigma en el cual las ciudades fueran más habitables y sostenibles, no tardó en ser apodado el padre del urbanismo humanista.
Su voz se hizo escuchar y los años 70 acompañaron el movimiento de forma integral: las inversiones en energías renovables se multiplicaron –a fin de 2021, Copenhague llevaba instalados más de 60 aerogeneradores con una capacidad de 158 megavatios, y busca sumar decenas de turbinas eólicas y 60.000 metros cuadrados de paneles solares– y, crisis del petróleo mediante, el gobierno alentó el uso de bicicletas –medio que hoy es utilizado por el 62% de la población– gracias al desarrollo de infraestructura. El trazado urbano acompañó la tendencia: en los últimos 10 años, se levantaron 12 puentes exclusivos para ciclistas y peatones y desde 2010 se elevó el presupuesto destinado a obras de construcción que promuevan la vida en la ciudad enfocada en la gente.
Hay distritos que vale la pena destacar, como Nordhav. Las autoridades crearon una visión del transporte “todo a cinco minutos”. Esto hace que resulte más conveniente andar en bicicleta, caminar o tomar el transporte público que utilizar el auto. Otro caso es el barrio de Vesterbro que, con la transformación del bulevar Sønder, un corredor verde recreativo con instalaciones para ciclistas y peatones, busca mejorar las condiciones ambientales y fomentar la movilidad sostenible.
La ciudad impulsa otros planes ambiciosos. Uno de ellos, una enorme isla artificial en la zona del puerto para protegerse contra el aumento del nivel del mar, además de sumar espacio con capacidad para alojar viviendas para 35.000 personas. Otro proyecto que promete –y que tiene fecha de finalización prevista para 2045– es el que está llevando adelante el gobierno danés junto a la firma de arquitectura y planificación urbana Urban Power, Holmene, un desarrollo de nueve islas artificiales para albergar edificios energéticamente eficientes y la planta de energía de residuos biológicos más grande del norte de Europa.
¿Es posible trasladar este modelo a América Latina?
Con punto de partida en la capital danesa, desde la Red de Ciudades del BID, creada en 2017 por la División de Vivienda y Desarrollo Urbano, apelan al intercambio de experiencias entre las ciudades y destacan el proceso de cambio de Medellín, Colombia.
Allí, el gran protagonista es el llamado Cinturón Verde Metropolitano (CVM), una estrategia de planificación y de transformación integral de largo plazo, que permite conectar distintas partes de la ciudad a través de una red de zonas verdes, escaleras mecánicas y teleféricos.
Medellín, también, es una de las ocho ciudades de América Latina rankeadas entre las 118 urbes del Smart City Index 2021, realizado por el Instituto para el Desarrollo de la Gestión, el Observatorio de Ciudades Inteligentes y la Universidad de Tecnología y Diseño de Singapur.
¿Qué se entiende por Smart Cities? Son, según el BID, aquellas que “utilizan conectividad, sensores y sistemas de gestión inteligente computarizados para resolver problemas inmediatos, organizar escenarios urbanos complejos y generar respuestas innovadoras para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos basándose en tecnologías”.
En aquel ranking, Copenhague ocupa el séptimo lugar. Las latinoamericanas quedaron en las últimas posiciones: Buenos Aires está en el puesto 98; Medellín, el 101; Ciudad de México, 108; San José, 109; Santiago, 110; Bogotá, 116; San Pablo, 117; y Río de Janeiro en el 118.
Pero el concepto de smart city no apela solo a la tecnología. Habla, también, de una visión holística que contemple movilidad, reducción de costos, diseño de viviendas, tiempos del transporte, conexión digital, gestión administrativa y menores riesgos de contagio ante una pandemia, incluso.
Es que, tal como resalta un estudio elaborado por Wunderman Thompson, la smart city se transforma en smart life, tras los cambios en los hábitos de vida y de consumo luego de los confinamientos motivados por el COVID-19, que llevaron a revalorizar el espacio propio, las economías de cercanía, la movilidad útil y la conexión con una vida más saludable.
La ciudad del futuro, sostienen desde Wunderman Thompson, tiene la oportunidad de complementar la inteligencia racional y la emocional, poniendo a la tecnología a su servicio. Un ejemplo es el Urban Village Project, desarrollado por el laboratorio de investigación danés Space10, que propone un sistema de viviendas flexibles y adaptables, organizadas para vivir en comunidades interconectadas, con un estilo de vida sustentable, administrado desde una plataforma digital. Se trata de ideas y proyectos que podrían intentar emularse en la región.
Nuevos paradigmas de diseño urbano –desde las supermanzanas a los zoom towns– buscan redefinir las políticas públicas de la próxima década y están despertando expectativas e interrogantes en América Latina.